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Aunque escribir no es lo mío, y por eso les pido perdón
a todos ustedes, para intentar esbozar mi biografía tengo que
remontarme a los primeros años de la década de los 70,
cuando un señor llamado Ramiro Urdiales llegó al
pueblecito riojano de Arnedo. Como miembro de la Compañía
de Teatro Eslava, este señor viajaba prácticamente por
toda España. Un día, llegó a ese pueblecito riojano,
que ya empezaba a despuntar con su industria del calzado, conoció
a una mujer llamada María Rosario Hernández...
y ya se imaginarán.
Nuestro hombre se enamoró de Charo, abandonó la
compañía de teatro y los viajes, se estableció
en Arnedo y comenzó una nueva vida al lado de su esposa. El 31
de mayo se 1975 tuvieron a su primer hijo, al que llamaron Diego,
y luego llegarían otros dos: Juan José y Rubén.
Así es que soy el mayor de tres hermanos y pronto empezaría
mi extraña vocación taurina.
Como es normal, mis padres me matricularon en un colegio, el de La Estación,
y allí superaba sin pena ni gloria los cursos escolares, porque
lo que de verdad me gustaba era el recreo para jugar al fútbol...
Una tarde, yendo a hacer un encargo a mi abuela, pasé por la
plaza de toros de mi pueblo, vi a unos chavales entrenando y me entró
el toreo en el cuerpo. Es algo inexplicable, lo sé, pero a menudo
pienso que el destino quiso que aquella tarde la puerta de la plaza
de toros estuviera abierta.
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Desde esa tarde, quise ser torero. Ingresé en la desaparecida
Escuela Taurina de Arnedo, inaugurada por el maestro José
Miguel Arroyo, 'Joselito', con 11 años. No dejaba de leer
revistas taurinas y de ver vídeos de toros, estaba obsesionado
por saber más de Rafael de Paula, Paco Camino, Capea, Curro
Vázquez, Julio Robles, Ortega Cano.... Mis padres empezaron
a temerse en serio que aquel juego para ellos se convirtiera en una
realidad... como así fue.
Tras ser elegido el mejor alumno de mi promoción en la escuela,
maté mi primer novillo el día de San José de 1988,
en Arnedo y se lo brindé al maestro Joselito. Desde ese
día me anuncié como Diego de Arnedo. En la misma
plaza -para eso es mi pueblo- debuté vestido de luces, el 2 de
octubre de ese mismo año. Desde esa tarde, los acontecimientos
se sucedieron vertiginosamente.
Así es que el 21 de marzo de 1992 me decidí a debutar
con picadores. Pero las cosas no marcharon como yo pensaba y, sobre
todo, como yo deseaba. Las temporadas pasaban con la única posibilidad
de torear en alguna de las novilladas de la Feria del Zapato de Oro,
la de Arnedo, y en ocasiones la experiencia era amarga. Hubo temporadas
en las que sólo toreé en ese ciclo y, aun así,
corté tres orejas, como esa tarde de 1995... No me dieron el
Zapato de Oro, pero yo sabía que tarde o temprano llegaría.
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Y así fue. La temporada de 1996 no fue tan mala como las anteriores
(12 novilladas y 19 orejas, a pesar del bautismo de sangre) y en 1997
logré torear 21 novilladas, corté 16 orejas, debuté
en la plaza de Acho (Lima, Perú), volví a resultar herido,
esta vez en Galapagar... Y llegó el 'zapato'. La tarde del 1
de octubre de 1998, diez años después de debutar vestido
de luces, Arnedo se volcó con su torero y logré un triunfo
(cuatro orejas) que me sirvió para ganar el Zapato de Oro. Por
entonces ya era Diego Urdiales en los carteles. Ese año
concluí con 21 novilladas y 26 orejas.
La temporada de 1999 la planeamos como la última etapa antes
de alcanzar la primera cima de la carrera de un torero. Tras debutar
en México (plazas de Morelia y Monterrey), toreé 8 novilladas
y surgió la ocasión de tomar la alternativa en Dax (Francia),
en una corrida en la que el maestro Paco Ojeda celebró
sus 20 años de doctorado, y con Manuel Díaz, 'El Cordobés',
como testigo. Aunque la tarde no salió como todos soñamos,
recibir la alternativa de manos de semejante 'monstruo' fue para mí
un sueño. A la alternativa llegué ese año con 8
novilladas toreadas. Poco después del doctorado triunfé
en Alfaro (La Rioja).
A las pocas semanas, toreé en la desaparecida plaza de Logroño
(La Manzanera) y conseguí ser el triunfador de la Feria, además
de lograr el premio a la mejor estocada, tras desorejar a un buen toro
de Manolo González el 26 de septiembre, ganando el capote de
paseo que concede la Comunidad Autónoma de La Rioja. Así
es que terminé mi primera 'temporada' como matador de toros con
3 corridas de toros y 4 orejas cortadas.
La temporada de 2000 podemos calificarla como de adecuación al
toro. Todos los toreros queremos estar en las ferias, es cierto, pero
también lo es que, con lo difícil que es conseguir que
te anuncien, luego has de dar la talla. Así que no me arrepiento
de ese año en el que si bien no toreé en ferias y plazas
de categoría, conseguí de nuevo triunfar en Logroño
y el premio a la mejor faena (mi peso en un vino excelente, Faustino
I).
La temporada de 2001 se prometía halagüeña. Anunciado
en Madrid antes de San Isidro, sabía que un triunfo me pondría
en la misma feria y, de ahí, a los demás ciclos de España
y Francia. La responsabilidad era mucha, pero sabía que podía
ser mi año con un poco de suerte. Pero me partí un brazo
en Astorga (León) y perdí la ocasión de confirmar
la alternativa. Yo sabía que había perdido otras cosas,
porque estaba dispuesto a entrar en San Isidro como fuera, pero como
se dice en el toro, sería para bien.
Así es que, tras la convalecencia del brazo, me anunciaron para
confirmar la alternativa en Madrid, el 8 de julio, con Frascuelo
y El Madrileño en el cartel. Los de Guardiola Domínguez
no salieron lo que se dice buenos y todavía me duele la paliza
que me dieron ambos (fractura de varias costillas y esguince cervical,
por ejemplo). Afortunadamente, no resulté herido, a pesar de
las volteretas, y creo que dejé una buena sensación. Lo
malo es que no hubo ocasión de cortar orejas. Después
volvería a actuar en plazas como Barcelona (donde ya toreé
el 10 de junio), Gerona o Logroño, la tarde de la inauguración
de la nueva plaza de La Ribera, con Enrique Ponce y El Juli
en el cartel... y el ruedo en un estado pésimo. Corté
una oreja, en corrida televisada por La Primera, la primera oreja de
la nueva plaza. No pude salir en hombros, que es lo que buscaba.
Una cornada que sufrí en agosto en Soto del Real (Madrid) me
hizo arrastrar una lesión de ligamentos en la rodilla izquierda
por la que casi me tuvieron que operar en invierno. Afortunadamente,
con ejercicios y rehabilitación la cosa ha mejorado, pero el
año 2001 no fue como esperaba por culpa de los percances, a pesar
de superar la veintena de corridas de toros toreadas.
Durante la temporada
2002 sumé un total de 19 corridas de toros y tres festivales.
La cornada que sufrí en Miguelturra (Ciudad Real), me
impidió hacer el paseíllo en la Monumental de Barcelona
y en Nava de la Asunción, pero afortunadamente actuar en la Feria
de San Mateo de Logroño. Afronté este importante compromiso
con una costilla rota, por lo que durante la tarde, con el esfuerzo
realizado, los dolores fueron en aumento. Asún así, pude
cuajar a uno de los dos toros de Victorino Martín que
me tocaron en suerte y, aunque fallé con la espada, pude dejar
un buen sabor de boca.
En
2003 toreé diecinueve corridas de toros y corté veinticuatro
orejas. Entre esos festejos, me gustaría destacar mi actuación
en la Monumental de Barcelona, una de las tardes en la que más
a gusto me sentí ese año. Pero me supo a poco, porque
no tuve mucha suerte en otras plazas importantes, como en la Feria de
Logroño. Tampoco en 2004 logré el triunfo deseado
en la feria de mi tierra, por mi fallo con la espada pero, tanto en
esa temporada como en la de 2005 (donde volví a Las Ventas,
sin suerte con los del Conde de la Maza), he conseguido madurar como
torero. Las temporadas de 2006 y 2007 han sido escasas en contrataciones
pero no me rindo y afronto 2008 con aires renovados tras el triunfo cosechado en la Feria de San Mateo de Logroño de 2007, con el indulto de un toro de Victorino Martín.
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